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De quién es tu página web

Nadie piensa en esto hasta que quiere irse. Para entonces ya no es una pregunta, es una negociación.

"¿La web es mía?" parece una pregunta. Son cinco, y una empresa puede ser dueña de cuatro y seguir atrapada.

Casi nunca hay mala fe. Suele ser un estudio que registró el dominio en su propia cuenta porque era más rápido, o una plataforma de la que no se puede exportar lo que construiste dentro. Para ti el efecto es el mismo, así que conviene comprobarlo antes de que importe.

Las cinco cosas

1. El dominio

La dirección. Es la que más pesa, porque quien controla el dominio controla también tu correo, no solo la web. Si está a nombre de tu agencia y no del tuyo, cambiar de proveedor significa pedir permiso.

Puedes comprobarlo tú en un minuto. Busca tu dominio en cualquier servicio WHOIS y mira qué nombre y qué email figuran como titular. Si no eres tú o tu empresa, pide el traspaso, y hazlo mientras la relación sigue siendo buena.

2. El alojamiento

El servidor donde vive la web. Lo ideal es que la cuenta esté a tu nombre y la pagues tú directamente, aunque la gestione otro. Estar dentro de la cuenta de revendedor de alguien funciona perfectamente hasta el día en que deja de funcionar.

3. El código

Los archivos en sí. Pregunta si te los entregan, en qué formato, y si alguna parte del desarrollo está bajo licencia en lugar de ser tuya. Una web montada con un maquetador propietario puede ser muy buena y aun así ser imposible de entregar entera a otro.

4. Las cuentas y los accesos

Analítica, el editor de contenidos, la pasarela de pago, el servicio de envío de correo, las claves de API. Se acumulan sin ruido durante el desarrollo y son lo que más se olvida en la entrega. Pide la lista por escrito, con el titular de cada una.

5. El DNS

Los ajustes que apuntan tu dominio al alojamiento y tu correo a tu buzón. Es el menos visible de los cinco y el que más daño hace cuando sale mal, porque tumba el correo de la empresa y no solo la web.

Cómo aparece el bloqueo

  • El dominio lo registró la agencia. Pasa mucho, casi nunca a propósito, y se arregla fácil si lo tratas pronto.
  • La web está hecha sobre algo que no exporta. Te llevas los contenidos pero no la web.
  • El mantenimiento es obligatorio. El desarrollo salió barato porque el dinero está en la cuota, e irse significa perder la web.
  • Nadie puso nada por escrito. Ni documento de entrega, ni lista de cuentas, y quien lo sabía ya no trabaja allí.

Cómo lo hacemos nosotros

El dominio, el alojamiento, el código, las cuentas y los accesos principales son tuyos. No hay ningún bloqueo, y queda todo confirmado por escrito en la entrega.

El soporte posterior al lanzamiento es opcional y nunca se impone. Puedes llevarla tú, volver cuando quieras un cambio, o mantenernos para alojamiento, actualizaciones, copias de seguridad y monitorización. No elegir ninguna de esas opciones no te cuesta la web.

No es generosidad. Un estudio que necesita atrapar clientes para conservarlos tiene un problema de calidad que está resolviendo en el sitio equivocado.

Qué preguntar antes de firmar

  • ¿A nombre de quién va a quedar el dominio?
  • ¿Tendré cuenta de alojamiento propia o estaré dentro de la vuestra?
  • ¿Me entregáis el código fuente? ¿Hay algo bajo licencia en lugar de ser mío?
  • ¿Recibiré una lista escrita de todas las cuentas creadas para el proyecto?
  • Si dejo de pagar el mantenimiento, ¿qué deja de funcionar?
  • Si el año que viene cambio de estudio, ¿qué me entregáis exactamente?

Cualquier estudio que merezca la pena contesta a las seis sin dudar. La duda ya es la respuesta.

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